La caída de Mario Guillén: ¿Un alcalde acorralado o un reflejo de la descomposición política en Comitán? Por: por DERKY WILNER 9161096161 La imagen de Mario Guillén Domínguez en la rueda de prensa de ayer es el retrato perfecto de un político acorralado. Su sudor nervioso, su mirada esquiva y su constante recurso al vaso de agua de jamaica no son solo detalles anecdóticos; son síntomas de un liderazgo desmoronado, de un municipio que se desangra en medio de la inseguridad, la corrupción y la ingobernabilidad. Comitán ya no confía en su alcalde, y con razón. El show del nerviosismo Guillén intentó proyectar autoridad con su frase de batalla: «Aquí no hay miedo». Pero, irónicamente, sus gestos lo traicionaron. Un líder que no puede manejar una conferencia de prensa difícilmente puede manejar una crisis de seguridad como la que azota a Comitán. Mientras las cámaras captaban su evidente incomodidad, las preguntas incómodas de los periodistas ponían en evidencia su incapacidad para dar respuestas claras sobre las acusaciones que lo rodean.

Redacción Líderes Políticos
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Lo más grave fue su admisión de que conocía la existencia de casetas y puntos de venta ilegales, pero que no pudo actuar porque «no hubo apoyo» del exgobernador Rutilio Escandón. ¿De verdad un alcalde necesita el permiso del gobernador para hacer cumplir la ley en su municipio? Esta declaración no solo lo pinta como un líder débil, sino también como alguien que prefiere justificar su inacción en lugar de enfrentar los problemas de frente.

Rumores de arresto y la verdad detrás del helicóptero

Los rumores de que Mario Guillén, alias “Señor Fox”, había sido detenido y trasladado en helicóptero a Tuxtla Gutiérrez no surgieron de la nada. La confusión se desató tras la captura de Juan Díaz, líder de la “organización social” FDROC, un personaje señalado como uno de los principales operadores políticos y aliados de Guillén.

Díaz fue arrestado en Comitán y llevado a la capital del estado en un operativo espectacular que incluyó el uso de un helicóptero. Aunque no era el presidente municipal, el hecho reforzó las sospechas de la ciudadanía sobre los posibles vínculos de Guillén con la red de corrupción e ilegalidad que asfixia al municipio.

Guillén, en lugar de aclarar la situación de manera contundente, optó por un video desde el centro de Comitán, diciendo: «Aquí, disfrutando un rico elote que me invitaron mis amigos». ¿Qué quiere demostrar con esto? La ciudadanía no necesita verlo relajado comiendo un elote; necesita verlo actuando con firmeza y respondiendo a los cuestionamientos que lo rodean.

Valentonadas en tiempos de crisis

El video, lejos de calmar las especulaciones, generó más críticas. Si Guillén buscaba proyectar seguridad, lo único que logró fue alimentar la percepción de que está más preocupado por su imagen que por resolver los problemas reales de Comitán.

Policías detenidos, un municipio desprotegido y complicidades peligrosas

La detención de 92 policías municipales por presuntos vínculos con el crimen organizado, sumada al arresto de Juan Díaz, pinta un panorama desolador. Hoy Comitán no solo tiene menos elementos de seguridad, sino también una administración municipal que parece estar colapsando bajo el peso de sus propias omisiones y complicidades.

Mientras tanto, el nombre de «El Amate», el penal más infame de Chiapas, sigue resonando en las conversaciones locales. Aunque Guillén asegura que no hay procesos legales en su contra, la presión social y política podría acelerar un desafuero, abriendo la puerta a investigaciones más profundas.

¿Fuero o impunidad?

En México, los presidentes municipales gozan de fuero constitucional, un recurso diseñado para garantizar la estabilidad institucional, pero que en la práctica se ha convertido en un escudo para alcaldes cuestionados como Guillén. Sin embargo, el fuero no es eterno, y los eventos recientes podrían desencadenar un proceso legal que termine con el alcalde enfrentando las mismas consecuencias que sus aliados.

Un alcalde al borde del abismo

Mario Guillén Domínguez no solo enfrenta una crisis de seguridad; enfrenta una crisis de legitimidad. Su gobierno está marcado por el miedo, la desconfianza y la falta de resultados. Comitán merece más que un alcalde que, entre sudores, excusas y elotes, intenta negar lo innegable.

Si no toma medidas contundentes para restaurar la seguridad y responder a las acusaciones que lo rodean, no solo perderá el cargo; pasará a la historia como otro político que dejó hundir a su municipio mientras se aferraba al poder. El mensaje es claro: Comitán no puede permitirse más excusas. Y Mario Guillén, por su propio bien, debería entender que su tiempo se está acabando.

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