La celebración, que se percibe como un despliegue de opulencia, ha generado malestar entre los ciudadanos, quienes esperaban un enfoque más modesto y centrado en las necesidades de la comunidad. La extravagancia del evento ha llevado a cuestionar la priorización de recursos y el juicio del alcalde.
La crítica sugiere que Vázquez aún no comprende que los excesos no son compatibles con el liderazgo y la representación del pueblo. La esperanza es que el alcalde reconsidere sus acciones y se enfoque en las necesidades y expectativas de la comunidad que lo eligió.

